Ser una hacker en un país desconectado

imilla_hackerLa Imilla Hacker ataca de nuevo 🙂 Esta vez para hablarnos de una de las cosas más poderosas de la web: el sentido de comunidad. A través de las redes cibernéticas encontramos a mucha gente con la que podemos compartir, aprender y desarrollar mucho código en conjunto.

Aquí su historia:

 

Ser una hacker en un país desconectado

Por Imilla Hacker – Columnista – 7/10/2015 | Link a Los Tiempos Licencia CC BY/SA

Como les decía hace unos días, me autodenomino como una imilla hacker, hoy les quería contar acerca de mis actividades diarias. Me es difícil contar lo que hago día a día y por qué me encierro en el cibercafe que ayudé a poner a mi familia.

Desde pequeña me atrajeron las computadoras, podía entenderlas, sabía que podía hacer con ellas lo que quisiera, pero siempre encontraba trabas o caminos cerrados. La Internet se tomó un buen tiempo en llegar hasta mi casa. En Bolivia no es fácil pensar en una conexión directa en casa, por lo caro y lento que es el servicio, pero tuve suerte ya que se formó un negocio familiar, pusimos un cibercafé, que hace 15 años eran buen negocio. Esto me permitió acceder a Internet las 24 horas del día, me sentí afortunada y especial al poder esto.

Esta conexión a la red me permitió descubrir un mundo fuera de mi ciudad, de mi familia, de mis amigos. Había muchos lugares, muchas fotos, videos, información, muchos juegos. Llega un momento en el que sientes que deberías dejar de mirar nomás y ser parte de la red. De repente, bajo la capa superficial de esa Internet de los anuncios, me encontré a grupos de personas, comunidades virtuales, que no sólo compartían información, sino te daban guías para aprender nuevas cosas.

Comencé con un problema que tenía en la cabeza por un tiempo, que era el ayudar en el control del ciber, es difícil controlar con un cuaderno, así que decidí acudir a mi comunidad en la red para preguntarles como lo harían. Existe mucha información puesta en la red que te ayuda a aprender como programar, instalar, reparar cosas. Los amigos de mi comunidad virtual me fueron guiando en algunos pasos iniciales para luego volar por mí misma. Si tú que me lees quieres ser hacker también, tienes que tomar la decisión de hacer algo y hacerlo, sin pensar en lo difícil que parezca o problemas que puedan haber.

Esta comunidad virtual y muchas otras no sólo enseñaban a las personas interesadas, sino que hacían software para varias cosas: para comunicarnos, para compartir archivos y muchas de las cosas que día a día usamos en Internet. Todo este trabajo lo hacen de forma abierta y libre, que significa que cualquiera puede ver lo que están haciendo y cómo lo están haciendo, sin secretos, me sentí un poco insegura al principio, pero comprendí que lo que había aprendido era simplemente el inicio de un camino que puede llevarte a manipular las computadoras como tú quieras, sin límites ni barreras. Si lo puedes imaginar, se puede programar.

Ha pasado un tiempo y ahora trabajo con un equipo pequeño que hace este Software Libre, trabajamos desde varios países del mundo: de la Patagonia a Siberia, pasando por China, India. Nunca nos hemos visto con todos, pero ahí estamos en el día a día como si estuviéramos en una oficina chiquita, charlando, escribiéndonos y coordinando para hacer software que nos ayude a todos. ¿Lo mejor de todo? No siempre, pero incluso nos pagan por eso. Contaré otro día como me llega la platita.

Ahora no tengo una sola comunidad, sino varias, donde puedo ayudar a otras chicas que como yo descubren este mundo. Tal vez algún día nos encontremos en el ciberespacio.

imilla.hacker@riseup.net

http://imillahacker.sdf.org

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HackLab Cochabamba
Si no puedo modificar el código, no es mi revolución.

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